Los Jardines de Peterhof

Situado a 30 Kilómetros de San Petersburgo encontramos la residencia preferida de Pedro I. Peterhof es un grandioso complejo de edificaciones y parques de los siglos XVIII y XIX, adornado con más de un centenar de esculturas. En su territorio, con una superficie superior a mil hectáreas, hay cerca de treinta edificios y pabellones.
El mayor reclamo es el diseño de sus parques y jardines, así como sus extraordinarias fuentes en cascada, que descienden hasta el golfo de Finlandia.


Pedro I, a petición de su esposa Catalina I, decidió construir una residencia de verano fastuosa en la orilla del golfo. El zar personalmente proyectó los planos del trazado del parque, la distribución de los edificios y las fuentes. A diferencia de Versalles donde se habían construido costosos dispositivos para elevar el agua, Pedro I decidió hacer correr el agua por gravedad, con auxilio de un canal desde las alturas de Ropsha.



Al entrar en el recinto nos encontramos con una grandiosa composición simétrica, es la maravillosa cascada Grande. Llena de estatuas doradas con una cantidad de chorros de agua que se levantan al compás de una bella melodía. Un espectáculo difícil de olvidar. El centro del conjunto de la cascada Grande es "Sansón desgarrando las fauces del león", creado con motivo del 25 aniversario de la victoria de Rusia contra Carlos XII. De las fauces del león, como una salva de numeroso cañones, se dispara un chorro de agua de 20 metros de altura.



Ante la fachada norte del palacio, que da al golfo de Finlandia, se extiende el parque Inferior. La cascada Grande divide el parque en dos sectores, el este y el oeste integrado por edificaciones arquitectónicas, la cascada Grande, dos cascadas Pequeñas y numerosas fuentes. En total aquí aparecen reunidas 38 estatuas y 213 bajorrelieves, bustos y vasos.



No tuvimos tiempo de visitar el interior de ninguno de los palacios. El palacio Grande suponemos que, como el palacio de Catalina, está lleno de suntuosidad y lujo, aunque el lugar de residencia preferido de Pedro I era el palacio Monplaisir, el mas cercano al mar.

San Petersburgo, últimos días

Desde mediados de mayo a mediados de julio en las noches de San Petersburgo ocurre un fenómeno natural que llena la ciudad de gran excepcionalidad. Durante estos meses de primavera, la luz del atardecer se une con el amanecer formando las espectaculares Noches Blancas. En esta época del año se preparan conciertos y festivales. Las calles están llenas de gente en esas horas nocturnas y contemplan como los puentes se abren para dejar pasar los grandes barcos.


Foto de Lorey Planet

El último día de nuestra estancia en San Petersburgo amaneció con una mañana lluviosa. Decidimos coger el autobús que nos llevaría de la estación marítima fluvial hasta el metro y allí estaríamos a cubierto.
El metro de San Petersburgo no es tan famoso como el de Moscú pero sus estaciones también tienen su encanto. Sabíamos que una de las más bonitas era Ávtovo, pero se encontraba en obras.

Santillana del Mar

Santillana del Mar, una villa medieval con calles empedradas que está calificada como Conjuto Histórico Artístico.
Pasó mucho tiempo hasta que ahora volvimos a visitar esta villa y la encontramos muy llena de hoteles, pero hay que reconocer, que ningún edificio nuevo estropea el hermoso conjunto arquitectónico.

Paseando por estas calles donde la piedra es tan presente, es fácil transportar al visitante a tiempos más lejanos.


Empezamos el recorrido por la Calle de la Carrera, y encontramos la casa de la familila Bustamante del siglo XVIII, con un bello escudo en el balcón central, llegamos a la Calle del Cantón y en la esquina del Hotel Altamira, antes el Palacio de Valdivieso, vemos el escudo de la familia y a lo lejos divisamos la Colegiata.

Antes de llegar a la plaza, donde se encuentra la Colegiata, encontramos las casas de los Cossío y Quevedo del siglo XVIII, y en el lado izquierdo, ya en la misma plaza, hallamos la casa de los Archiduques de Austria, construida a finales del siglo XVII, ahora alberga el museo del Barquillero.



Ya en la plaza, admiramos la Colegiata de Santa Juliana. Hacia los siglos VIII y IX se fundó el primer monasterio que acogió las reliquias de Santa Juliana, de donde deriva el nombre de Santillana. Alrededor del siglo XII, el monasterio se convirtió en colegiata y a partir de entonces, los distintos linajes de la villa contribuyeron a engrandecerla. La mayor parte del edificio es románico pleno, sobre el que se perciben añadidos renacentistas y barrocos.



Pasada la Colegiata, en la plaza de las Arenas, está el Palacio de Velarde, construido en el siglo XVI de estilo renacentista con una fachada muy austera. Volviendo otra vez por la calle del Rio, nos encontramos con la casa de "Los Hombrones", adornada con un poderoso escudo con las armas de los Villa, nos vamos hacia la calle Racia, donde vemos la parte de atrás de la Torre de Merino.



Llegamos a la Plaza Ramón Pelayo, ahora Plaza Mayor y allí encontramos el Ayuntamiento con balconada de hierro sobre soportal de arcaduras y un escudo en el centro. En esta plaza, encontramos la fachada principal de la Torre de Merino que debió ser contruida en el siglo XIV, otra destacada torre, es la de Don Borja de finales del siglo XV, hoy transformado en centro cultural.

Entrando en la calle Juan Infante, se halla la casa Barreda-Bracho hoy convertida en Parador Gil- Blas y justo a la derecha, la casa Peredo. En frente se alzan las casas del Aguila y de la Parra, y allí la escultura del bisonte de Altamira obra de Jesús Otero



Bajando por la calle Santo Domingo, podemos encontrar la casa de los Villa, una construcción el siglo XVIII, sobre otra construcción del siglo XVI. Frente a esta se encuentra el Palacio de Peredo-Barreda, ahora es el centro de actividades culturales de Caja Cantabria. A su lado la casa de los Alonso, con dos pequeños escudos y ventanas góticas muestran la antigüedad de esta casa. Terminamos el recorrido frente el Convento de las Clarisas de finales del siglo XVI.



Pero el atractivo de este pueblo no sólo son sus edificios destacados, sino la unión con edificaciones más humildes que hacen de él, un destacado conjunto urbanístico, tradicional de estas tierras.